sábado, 27 de febrero de 2010

LA MATERNIDAD DA VÉRTIGO

Esta tarde he quedado para tomar algo con mis compis del cole. Aquellas con las que recuerdo toda mi infancia desde que tenía cuatro añitos. Cuando he llegado al bar donde se encontraban, me he quedado perpleja al ver que una de ellas ya estaba con un carrito doble más una niñita de tres añitos, y otra compi con una barriguita de unas veinticuatro semanas de gestación que ya se hacía notar en su cuerpo menudito. Creo que verlas me ha hecho pensar mucho sobre cómo nos hacemos mayores y cómo pasa el tiempo, que es lo que más te llama la atención en estos encuentros. Y yo me pregunto si ya me queda poco o mucho para pensar en eso de ser madre.

La maternidad es un tema que da vértigo pensar en él. Aún soy demasiado jovén, o así me veo yo, para andar con bebés de un lado a otro. Y sé que me gustaría algún día aumentar la familia pero no de cualquier forma. Ahora estamos intentanto disfrutar de momentos que con un niño no podríamos, como salir de viaje, ir al cine o no tener horarios estrictos sujetos a los cuidados de un niño. Por otro lado, estamos estudiando y no cabe en nuestro tiempo tal idea. Tampoco me complace estar alejada de los padres para cualquier cosa que pudieramos necesitar, y la verdad es que también me acuerdo cada día de mi madre y sé que la iba a querer a mi lado para cualquier cosita que me pasara con el crío.

Ahora está claro que la balanza se inclina hacía el lado de "ahora no es el momento, el tiempo dirá". Me parece que es una decisión tan importante que me gustaría tomarla con mucha cabeza y responsabilidad cuando llegue el momento.

A todas las madres, que me parecen unas valientes, FELICIDADES por todo lo que hacéis y todo el cariño que ponéis en la crianza de vuestros hijos.

Y a la mía le doy las GRACIAS, que sin ella yo no estaría ahora aquí y no sería la persona que soy.

miércoles, 27 de enero de 2010

UNA BELLA MUJER

Este domingo fui a verla. Me resultataba tan familiar esa forma que tuvo de mirarme que enseguida me sentí como uno de sus encantadores nietos. A pesar de su delicada salud tenía un fuerte corazón y una sensibilidad especial hacia los demás. Lo que me sorprendió cuando llegué al hospital es que sin casi poder hablar, por el agotamiento de los efectos de la morfina, me preguntó que cómo estaba yo, y, aún sabiendo que siempre me preguntaba por cómo me sentía por lo que le ocurrió a mi madre, me dió mucha lástima saber que le quedaban días de vida.

Ella pidió irse a su casa, a buscar esa paz que supongo que uno necesita para irse sosegado y con todo el cariño de sus hijos, nietos, nueras, yernos... Y una vez allí, ya en contacto con su hogar, algo tan familiar y que da tranquilidad, encajando toda una vida de alegrías y tristezas, llegó el momento de iniciar otra vida en un plano espiritual.

No he podido ir al tanatorio, ni a su incineración. Es demasiado dolor el que tengo por la pérdida de mi madre y no necesitaba revivir algo de lo que tengo muy mal recuerdo. Pero lo que puedo decir es que la siento muy cercana, para mi ha sido como mi tercera abuela. Siempre tan cariñosa como son todas abuelas que quieren y están orgullosas de sus nietos.

El último recuerdo que tengo de ella fue el día de Reyes. Comimos en casa de mis suegros con ocasión del cumpleaños de mi marido. Ya estaba débil y dolorida pero sacó varias sonrisas en el momento de comer el roscón, cuando nos dimos cuenta de que había más de una sorpresa dentro del mismo, debido a las monedas que introdujo mi suegro. Lo grande está muchas veces en los pequeños momentos vividos con las personas que queremos.

Por último quiero decir que cada mañana la recuerdo al tomar el desayuno. Me aconsejó que tomar miel con el café es mejor que el azúcar y me dijo que ella lo hacía de esa manera a diario.
-Así lo hago, abuelita, de tu sabio consejo he hecho un hábito que me viene fenomenal-.

Gracias por dejar tu amor y esa familia tan maravillosa.

domingo, 24 de enero de 2010

FELICIDADES CON EL CORAZÓN

Buenos días mamá,

Te voy a dejar hoy, que es tu cumpleaños, la letra de una canción que cada vez que la escucho llega a lo más profundo de mi sentimiento hacia tí,

Ya no hay primavera
las flores se han ido
y las mariposas
se mueren de frío

Y por más que me acuerde de ti
y que esconda esta pena
en un pliegue del sol
me encadena
a tu recuerdo la vida entera

Y por más que me olvide de ti
pa´evitar que me duela
te llevaste del mundo y de mi
todas las primaveras

Ya no hay primavera
las flores se han ido
y las mariposas
se mueren de frío

Ya no hay primavera
ni siento cobijo
me queda el otoño
cayendo conmigo

Que tu amor me salpique de ti
que tu amor me proteja
que se vuelva canción mi condena
que no me sueltes
cuando me pierda

Que la vida me ayude a seguir
cuando baile la pena
y que puedas volver a venir
con cualquier primavera

Ya no hay primavera
las flores se han ido
y las mariposas
se mueren de frío

Ya no hay primavera
ni siento cobijo
me queda el otoño
cayendo conmigo.

Para siempre contigo, te siento cada día muy cerca y te agradezco lo que sigues haciendo por mí desde donde quiera que estés.

Un abrazo de tu niña.

domingo, 6 de diciembre de 2009

HABITACIÓN 1024

El martes de la semana pasada, día 24 de noviembre de 2009, ingresó mi madre en la unidad de cuidados paliativos para enfermos terminales. Yo sabía que no la volvería a tener más en casa, que era su último viaje en esta vida y sólo de ver su maleta me entraba mucha angustia en el cuerpo. La verdad es que no hay palabras para explicar esta sensación, porque ella pensaba que sólo estaría allí unos días para recuperarse y después volver a tener una vida medianamente normal. Ahora nos tienes que perdonar por no decirte la gran verdad del desenlance de la maldita enfernedad. Cuantas veces te dijimos que te ibas a curar, que lo ibamos a superar todos juntos, que esta enfermedad no podría contigo...

Su estancia en el hospital que duró una semana fue de lo peor que vivió mi madre, y lo único alentador que puedo decir es que tambíen he experimentado sensaciones increibles hacia ella, la he mimado y querido como nunca. Mamá, no se me olvidará como a pesar de no poder mover un sólo músculo de tu cuerpo, me transmitías lo que sentías con tu mirada y tus gestos y yo me lamentaba por la rabía de verte como un bebé con todo el sufrimiento reflejado en tu cara. No fue justo, el dolor que te has llevado sin poder hablar, sin poder moverte de la cama, sin poder tragar, con el miedo a lo que podría pasar, ¡y sin quejarte ni un solo momento ni lamentarte de tu situación!. Tú me has enseñado a luchar y a no quejarme de lo que realmente no tiene tanto valor incluso en tus últimos días. Eres una mujer muy fuerte que aún sin poder hablar con tu mirada lo decías todo, sin poder tragar comías y bebías obligandote tú misma, sin poder reír sonreías, sin poder abrazar me besabas la mejilla...eres la mejor, cualquier persona en tu situación habría tirado la toalla antes. Tu demostraste que querías vivir pero la enfermedad ha podido contigo y no te ha dejado disfrutar de la vida muchos años más. Qué injusto, ¿verdad?, con la de gente mala que tendría Dios que recoger... en fín como dicen algunos "nos ha tocado y nos ha tocado" ¡qué lastima, cuánto te echo de menos, no lo sabes bien!

Aún recuerdo las noches que viví contigo en el hospital, cómo mirabas las fotos que te colgamos en el corcho al lado de tu cama con toda la familia y amigos que de verdad te querían, y tambíen sé que tu última noche conmigo te despedistes de mí, no se me olvidará cómo me mirabas sin quitarme ojo como diciendome "hasta siempre, porque siempre me querrás como hija y yo como madre". Ese cariño lo sentí como una unión muy fuerte a base de amor inifinito. Gracias, mamá.

No debo olvidar los días tan malos que pasé porque para mí son lecciones que debo recordar y quiero que enseñen a dar valor a lo que realmente importa, sin preocuparme del mañana que ya vendrá con sus problemas y sus alegrías. Lo que está claro es que acompañar a mi madre a morir con solo 47 años de esta enfermedad tan terrible es algo que me ha marcado ya de por vida. "Mamá, siempre estarás presente en todo lo que haga, te siento así y así lo quiero creer."






miércoles, 11 de noviembre de 2009

LA VIDA TE ENSEÑA A GOLPES

La vida como todos sabemos tiene sus cosas buenas y sus cosas malas; y es curioso, porque a cada uno en su camino le tienen "colocado" algo bueno y algo malo. Lo bueno a veces ni lo apreciamos o creemos que es lo normal y se nos olvida rápido. Y sólo cuando perdemos algo que creemos que nos pertenece, bien por arraigo familiar o bien porque lo hemos ganado a base de esfuerzo, sabemos darle su justo valor. ¡Qué necio es a veces el ser humano!.

Todo el dolor que estoy pasando por la enfermedad de mi madre me está haciendo ver la vida de otra forma. Sólamente el que haya perdido a un ser querido o haya pasado por una situacion similar a la mía me va a entender, los demás me podrán acompañar y apoyar en este duro golpe pero por suerte no han pasado por este infierno. Muchas veces pienso en aquél que tiene a todos los suyos y de lo afortunado que es por ello, y a veces no se valora porque parece que es lo normal. También reflexiono sobre aquél que está igual o peor que yo, que por desgracia hay demasiada gente y mucha a mi alrededor, más de la que yo pensaba. Sin ir más lejos a dos de mis amigos les falta su padre, a una amiga de falta su madre y su hermano, a compañeros de trabajo les faltan padres, madres, hermanos, primos, amigos...etc, y uno es consciente de todo esto cuando le ocurre alguna desgracia. Es como si la vida te quitara la venda con la que supuestamente eras feliz pensando en que a tí nunca te podría ocurrir, no porque seas menos vulnerable a la adversidad ni mucho menos, sino porque resultaría tan fuerte el dolor que ni tú mismo sabrías si tendrías aliento para seguir adelante.

Ocho meses he tardado en darme cuenta del papel tan grande que tengo encima. Ya hace un tiempo que guarde en un cajón parte de mi vida para emprender una lucha por mi madre desde esta seria enfermedad, aún sin noticias esperanzadoras de los médicos, ya en el último capítulo de esta historia, ya sin fuerzas porque estamos agotados, pero sí con el amor hacia un ser querido que es la mayor energía que uno tiene para seguir adelante. Es muy duro tener que replantearte tus tareas cotidianas y cambiar el ritmo de vida por un contratiempo de este calibre. Yo soy las manos y pies de mi madre, y entre otras tareas la ducho, la visto, le pongo los enemas, le hago la comida, la compra, la intento animar cuando está decaída, le recuerdo cuando tomar las medicinas, le pongo lavadoras, le paso la fregona, etc. Así cada día, y sin olvidarme de mi trabajo por la mañana en el Juzgado, que gracias a él puedo desconectar. De toda esta carga lo que más pesa es el componente emocional, la tristeza con la que haces todo, porque no quieres verla peor de lo que ya está.

Estoy en una estapa de mi vida muy agobiante, sólo algunos me comprenderán y sólo otros me querrán comprender. Yo pienso que cada uno tiene lo suyo y sus preocupaciones pero es inevitable sentirse en ocasiones sóla en toda esta tarea. Y es que por mucho que la gente quiera ayudar a veces ni yo misma sé que necesito porque nada te consuela. Agradezco ahora que así lo siento a todos los que se han preocupado de alguna forma por lo que estamos pasando mi familia y yo, ya sea mediante una llamada de teléfono, chateando, haciendome visitas cuando pillo un hueco, preguntando a mi marido por mí o por mi madre, o comentando mi blog que para mí es un desahogo de los momentos más amargos.


martes, 13 de octubre de 2009

MI CUERPO Y MENTE DICEN "BASTA"

El miércoles pasado retomé las clases de oposición para la nueva convocatoria del Cuerpo de Tramitación y Auxilio en Justicia. Al llegar al aula me sentí con ganas e ilusión para aprender de nuevo con las leyes, más que nada porque ya me conoce uno de los profes (muy bueno, por cierto) y porque ya éste es el segundo año en la academia y le voy sacando más jugo a la clase. Pues nada, el caso es que me vine a casa empapada por la lluvia pero contenta y satisfecha por poder seguir luchando en el camino de la oposición. Y aunque era consciente de la difícil situación que tengo y de que no dispongo de tanto tiempo fisico y psicológico, tenía muchas fuerzas que no sé de dónde cogí en ese momento.

A medida que pasan los días me doy cuenta de que me puede el cansancio y me agotan a veces la pena y otros desordenes familiares de los que no ahora no quiero hablar. Además, esta mañana me encontraba fatal de ánimos y muy débil, no me sentía con fuerzas de nada, mi cuerpo estaba diciendo que parara, que este ritmo no lo podía aguantar, después de un puente con problemas y angustias de los que no me puedo desligar y de un "no parar" que me va haciendo mella. Tan solo el domingo pudimos ir a Cadalso a comer en familia con mis suegros y me vine comidita por dentro de dolor por mi madre, y es que a veces es muy difícil desconectar cuando veo que mi madre no mejora.

Esta tarde me la he tomado libre, y cuando digo libre es que no haré visitas ni llamaré por teléfono hasta mañana, por mi bien, por mi estado mental y físico, necesito un poco de tiempo para poder leer el libro que me compré o para repasar artículos de las leyes que necesito memorizar para los ejercicios de la oposición. No he parado ni un momento para hacer cosas que me agraden a mí, no aguanto más... me voy ahora a organizar y mirar los apuntes que mañana tengo otro día largo de academia. Se me está haciendo cuesta arriba pero no quiero rendirme. Tengo que dar a los demás pero también me debo tiempo a mí.

sábado, 3 de octubre de 2009

DESOLACIÓN E IMPOTENCIA

Ayer tuve un dia desolador, mi madre empeoró y yo no pude hacer nada. Se supone que ya debo saber que después de una sesión de quimio viene un día de no levantar cabeza. Pero no puedo ver a mi madre vomitando, con dolores a rabiar de estomago, con los pies hinchados como botas, con la pena que la come por dentro, con su cuerpo desgastado con el que no puede ni moverse... y llorando de impotencia.

Como de costumbre, me fuí con mi madre para estar toda la tarde con ella, y yo ya la ví muy revuelta y sin poder ni hablar por todo la química que la metieron en su cuerpo el día anterior. Además, había estado vomitando mañana y tarde y no comió nada, solo intentó beber un aquarius para asentar el estómago. Ya por la noche, no paró de vomitar y yo me puse muy nerviosa, creía que la daba algo allí mismo, estaba muy pálida y con la cara hinchada. Cogí los telefonos de urgencias para hablar con el oncólogo de guardia y nos recomendó que tomara un medicamento para evitar los vómitos. A mi me temblaba la mano porque cuando cogí la ampolla que supuestamente se tenía que tomar, en el mismo frasco ponía que era inyectable. En ese momento no quería ni pensar como se lo iba a poner. Menos mal que mi madre me dijo "tranquila, hija, que esta ampolla yo me la tomo con agua", pero eso no bastó para tranquilizarme, ya no nos fiábamos y volví a llamar al médico para que me lo aclarara. Finalmente, mi madre se tomó la ampolla como dijo el médico (con agua) y se tumbó en su sofá.

Dieron las diez y media de la noche y Raul vino a buscarme para irnos juntos a Fuenlabrada. Mi padre estaba trabajando y mi hermano había salido con sus amigos a cenar (de eso me enteré después). En las condiciones en las que está mi madre, no puede quedarse sola, y no dudé en llamar a mi hermano para que viniera lo antes posible para quedarse con ella, y me dijo que venía enseguida. Ayer pude contar con él y se lo agradezco, porque en otros momentos no se ha mostrado muy atento con sus cuidados. Qué le estará pasando por la cabeza, porque a mí no me cuenta nada y me preocupa.

Cuando llegó mi hermano ya eran las once de la noche. Al entrar por la puerta, le noté con los ojos llorosos pero sereno. Preguntó que había pasado casi por compromiso (o eso me parecía a mí). Yo le dije en ese momento que bajara al perro con nosotros que ya nos íbamos, porque quería decirle parte de lo que llevo dentro en estos momentos tan duros. Ya en la calle le pregunte qué tal estaba, que yo sé que lo está pasando mal y que cuente con su hermana para lo que quiera. También le agradecí que viniera cuando le llamé y le hice un pequeño reproche de no poder tenerle cuando le necesito para cuidar de nuestra madre y de sentirme a veces como un mueble cuando le veo ya que en muchas ocasiones ni me dirige la palabra. Él me constestó que no le pasa nada, que siempre es la misma canción, que ya sabe que me tiene y que él es así , que no muestra sus sentimientos. Yo le insistí en que no dude en llamarme para cualquier cosa, que yo conozco la casa de mis padres y sé los problemas que hay. Con la tensión del momento, y con el hermetismo de un adolescente me despedí de él y le dije que si no pasa nada entonces era yo la que me iba con la pena a otra parte. Me imagino que se quedó mal, estaba con sus amigos cenando y tuvo que venirse, yo lo siento en el alma pero lo que nos ha tocado vivir salpica a todos y todos debemos arrimar el hombro por nuestra querida madre.